Respirar de tres, de cinco, de siete.

Me he dedicado a hacer largos de crol con el pullboy respirando de tres brazadas, de cinco, y también de siete. La verdad es, que cuando asumes un ritmo, más bien lento, y te acoplas en él, estarías asi hasta que te quitasen el agua de la piscina. Algunos largos sólo por la izquierda y algunos también respirando indistintamente por un lado que por otro, de tres, de cuatro brazadas,  etc. sin premeditación alguna.

Me he sentido mucho más cómodo. Luego he nadado sin el flotador y bueno, me canso un poco más, además de que creo que me entra estrés y  me muevo más compulsivamente, como si hiciese carreras contra mi mismo. Evidentemente, pierdo siempre.

He de intentar mantener la serenidad y hacer lo mismo que con el pullboy. Nadar, ya que no es un problema solamente de no saber respirar o no adaptarme a la respiración, es un problema también de estrés.

Una cuestión de la que me he dado cuenta es de que con poco esfuerzo avanzo mucho más que otras personas. Me ha pasado el caso de llevar a alguien delante y tener que parar, y no nacer movimiento alguno para no tropezar. En el momento en que braceaba, me precipitaba sobre el otro nadador.

El hecho de respirar lo justo te permite ver, y vivir mejor, ese mundo debajo del agua que te ofrece una dimensión para poder ¿desconectar de uno mismo?

Al bracear ves tus brazos y como al pasar tus manos hacia detrás consigues ese impulso mágico que te dota de velocidad, de deslizamiento. Es fantástico.

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~ por esbama en mayo 20, 2009.

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