¡Qué bello es nadar…!

Sobre todo cuando ya empiezas a superar ciertas situaciones,  cuando entiendes el medio y lo utilizas,  en lugar de ir en contra suya. Supongo que al ser un medio tremendamente inestable, y admosférico, cuando se revela y se enfurece, es imposible hacer lo que se hace en una piscina tranquila.

Nadar en el mar o en río y lagos difiere mucho, supongo, de hacerlo en una piscina en la que tu visión abarca todo el vaso de la misma.

Los jueves, como ya sabréis algunos, nadamos con aletas y manoplas y si naces algún movimiento contrario al agua, lo notas aún más pero si aprovechas la pocca hidrodinámica que tenemos el avance es notabilísimo. Como por ejemplo nadar con un mínimo movimiento de pies, sin ofrecer resistencia al agua supone no cansarse y deslizarse de forma casi natural.

Esta sensación de nadar se convierte en belleza y en experiencia estética, es inevitable ya que a este status se llega haciendo bien las cosas, y para eso las hacemos, para hacerlas bien. 

Hoy va de fiolosofía nadadora… perdonad el royo.

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~ por esbama en marzo 11, 2010.

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